Así es como te afecta la alimentación de tus padres
Tú eres lo que tus padres comieron

Tú eres lo que tus padres comieron

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Todos hemos escuchado la frase “eres lo que comes”. Sabemos que para estar sanos y fuertes debemos cuidar nuestra alimentación (además, es más fácil perder peso haciendo dieta que ejercicio). Tú eres responsable si tienes unos kilitos de más por comer mal… ¿o no? Un estudio recientemente publicado en “Nature Genetics” parece indicar que por lo menos podrías echarle un poco de la culpa a tus padres.

El equipo de investigación utilizó ratones que se hicieron obesos y desarrollaron diabetes de tipo dos gracias a una dieta alta en grasas. ¿Podrían transmitir esta obesidad adquirida, que no estaba en su ADN, a su descendencia? Para resolver esta interrogante se tomaron los ovocitos y espermatozoides de estos ratones y se fecundaron in vitro para luego ser transplantados en úteros de ratonas sanas; todo esto para descartar cualquier influencia del comportamiento de la madre en el embarazo y la lactancia sobre la salud de sus crías.

“Los resultados mostraron que los ovocitos y los espermatozoides pasaron información epigenética, lo que condijo a obesidad severa principalmente en la descendencia femenina.”

La epigenética es el estudio de aquella información que es transmitida de generación en generación pero no se encuentra en el ADN principal de las células. La dinámica de “cómo se leen” los genes cambia conforme nos enfrentamos a diferentes ambientes (por ejemplo qué comemos, nuestra exposición al sol o a contaminantes, etcétera), y esto produce alteraciones que pueden transmitirse a tu descendencia, aunque no hayas nacido con ellas.

Este estudio podría cambiar la forma en que entendemos la herencia de caracteres. La teoría sintética de la evolución (que combina los estudios de Darwin y Mendel) rechaza la posibilidad de heredar caracteres adquiridos. Por otro lado, esta investigación demostró que un desorden metabólico adquirido —la obesidad y diabetes a consecuencia de comer muchas grasas— se puede pasar de generación en generación.

Podría ser que Lamarck no estuviera tan equivocado con sus jirafas después de todo. Y tú ya puedes ir a echarle la culpa a tus padres.