Ren y Stimpy fue la clase de caricatura que tu madre te prohibía ver, ya sea porque le parecía un poco repugnante o prefería algo más cálido, dulce y con valores como Doug. Pero como el mismo John Kricfalusi dice: «Soy un caricaturista ¿Quién soy yo para decirle a los niños como comportarse y como vivir su vida?.»

Después de tres horas de firmar autógrafos en Festival, evento llevado a cabo en Cuernavaca y enfocado a los videojuegos, comics y animación, Kricfalusi está sorprendido por la respuesta de la gente. Aparentemente no imaginaba el impacto de Ren y Stimpy en el público mexicano. Al animador le gusta hablar de la caricatura, pero su reacción cambia cuando le preguntan sobre Nickelodeon y como terminó su relación con ellos. «A mi me despidieron y ellos se quedaron con los derechos de Ren y Stimpy.» La lucha con la cadena de televisión le ha hecho que odie la cultura corporativa y abogue más por la libertad para los creativos.

«Las caricaturas de los 60s a los 80s no eran hechas por caricaturistas, ellos eran la última línea, eran hechas por personas que no dibujaban y que le decían a los caricaturistas que dibujar. Eso está mal.» La producción de las caricaturas estaba apoyada por tres o cuatro expresiones trazadas anteriormente por los artistas. Estas se aplicaban a todos los personajes y los caricaturistas sólo debían reproducir estas expresiones. Copiar y pegar.

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La idea de Ren y Stimpy surgió de manera muy casual. Estaba  Ren, un dibujo de un gato retrasado que John dibujó mientras hablaba por teléfono. A Stimpy lo hizo pensando en un perro chihuahua, pequeño y enojón, imitando la voz de Peter Lorre.  Un día un amigo de él le dijo «¡Hey! ¿Por que no haces que ambos personajes sean un equipo?,» a lo que Kricfalusi respondió: «¿Sabes qué?, esa es una buena idea.»

Ren y Stimpy con su estilo alocado, y con Kricfalusi como director de la parte creativa, tenía un sistema distinto para hacer su caricatura y que iba en contra de este proceso impulsado por la industria de esos días. Pidió por adelantado grabaciones de las voces a los productores y le dijo a los caricaturistas a su cargo que las escucharan y dibujaran cada una de las inflexiones de las voces de los actores. «Caricaturistas haciendo dibujos animados, era una idea errática hace unos años. Pero era raro tener treinta años de animaciones hechas por personas que no son caricaturistas, era como decirle a una persona que no hace música que de pronto hiciera una canción. Es una locura.»

Pero además del proceso, el tema de las animaciones que en esos días se estilaba en la televisión eran distinto y un poco más moralino. «Todas las otras caricaturas de la época enseñaban valores morales, es estúpido, por que la gente que hacía las caricaturas no tenía moral. Eran corporaciones malvadas haciendo caricaturas y tratando de enseñar moral a niños pequeños.» No sólo se trataba de los valores morales, si no de darle a los niños (e incluso a los adultos) un rato de entretenimiento y diversión después de cumplir con todas las presiones cotidianas. «Las personas merecen un ‘tiempo fuera’ de las reglas, no sólo los niños. Todos tenemos que cumplir reglas, con los jefes que nos dicen lo que tenemos que hacer, con nuestros padres, la iglesia. ¡Necesitamos un tiempo fuera!. Para eso es el entretenimiento, para pasar un buen rato y reirte un poco. No estoy en esa posición, de decirle a las personas cómo vivir su vida. Soy un caricaturista, estoy para entretener. imagínate tener a estrellas de rock enseñando moral a los niños ¡olvídenlo! El entretenimiento es como el Rock and roll, se supone debe ser divertido

Después de la situación con Nickelodeon, John Kricfalusi recurrió a Kickstarter en el 2012 y lanzó su proyecto llamado «Cans Witouth Labels,» animación que consiguió $136,723 dólares de los 110 mil que pedía originalmente. Estos días, Kricfalusi no cuenta con un equipo tan amplio con antes, pero con las cinco personas que tiene a su cargo han completado un piloto que comenzarán a mover entre cadenas televisivas, incluido Netflix o Amazon.

En cierta medida, Kricfalusi es un idealista, no sólo con su manera de trabajar si no con su manera de presentar sus personajes a la audiencia, con un estilo descabellado y espontáneo que no es tan fácil de ver con las nuevas animaciones hechas a computadora. «Es difícil hacer algo verdaderamente espontáneo en CGI. Lo que yo puedo dibujar rápidamente, le toma a unas seis personas hacerlo en CGI. Debe ser difícil, es decir, no puedes ser espontáneo cuando tienes que esperar a otra persona y la otra persona tiene que esperar por ti, sólo para hacer una posición o algo parecido. Debe ser algo complicado.»

Aunque no realice caricaturas en tiempo completo, hemos visto el trabajo de Kricfalusi en videos musicales de Bjork, Weird Al Yankovic, Tenacious D y la más reciente fue Miley Cyrus. «Ellos me buscan. Me llaman y dicen: ¡Hey! Tengo esta canción, me gustaría que la animaras.» Pero en el caso de Bjork la cosa fue diferente. Acudió a uno de sus conciertos porque sabía que era fan de Ren y Stimpy, atrás del escenario él le regaló un dibujo de ella y uno de sus personajes bailado, rompiendo una guitarra y de pronto surgió la idea: «Hay que hacer un video.» Así de sencillo.

Pero además a Kricfalusi le gusta trabajar con músicos a diferencia de los ejecutivos, porque ellos también son creativos y hay un entendimiento especial. «Ellos también son creativos, no tienen miles de reglas para ti. Recuerdo que tomé ‘I Miss You’ de Bjork, hice un history board y se lo envié, esperando que ella le hiciera cambios. Después tuvimos una llamada desde Islandia y tenía mi libreta  de notas junto a mi para apuntar lo que me dijera. Le pregunté ¿Quieres hacer algún cambio? y ella me dijo ‘No, está perfecto. Hazlo’. Así de fácil. Con Jack Black y Weird Al Yankovic fue lo mismo. A ellos entre más raro es mejor, pero es por lo mismo de que ellos son creativos también.»