El domingo pasado el mundo se conmocionó con la noticia del fallecimiento de Gene Wilder. Lo que fue toda una sorpresa fue la causa: complicaciones derivadas de la enfermedad de Alzheimer. Wilder estuvo viviendo tres años con ese diagnóstico, sin que nadie fuera de su familia cercana lo supiera. ¿Por qué? Por puro amor a sus fanáticos.

Gene Wilder deseaba crear un mundo lleno de magia para los más pequeños. Su icónica interpretación de Willy Wonka fue una de las formas más maravillosas en las que pudo hacerlo. Y no iba a permitir que una enfermedad arruinara la ilusión.

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Aquí abajo puedes leer el comunicado completo de la familia:

Es con una tristeza indescriptible, pero con gratitud espiritual por la vida vivida que anuncio la partida del esposo, padre y artista universal Gene Wilder, en su hogar en Stamford, Connecticut. Es casi insoportable para nosotros contemplar nuestra vida sin él. Las causas de su muerte fueron complicaciones de la enfermedad de Alzheimer, con la que él coexistió los últimos tres años. La decisión de mantener esto en privado fue de él, hablando con nosotros y tomando la decisión como familia. Entendemos que aún con todos los retos emocionales y físicos que esta situación presentó, tuvimos suerte —esta enfermedad pirata, a diferencia de tantos casos, nunca se robó su habilidad de reconocer a los más cercanos a él, ni tomó el control de su personalidad central amable y que afirmaba la vida. Se llevó lo suficiente, pero no eso.

La decisión para esperar hasta este tiempo para revelar su condición no fue por vanidad, sino para que los incontables niños pequeños que le sonreirían o le llamarían diciendo «ahí está Willy Wonka» no tuvieran que estar después expuestos a un adulto que hable sobre una enfermedad o problemas y que cause que el deleite se transforme en preocupación, decepción o confusión. Él simplemente no podía soportar la idea de que hubiera una sonrisa menos en el mundo.

Él continuó amando el arte, la música y los besos con su mujer protagónica de los últimos veinticinco años, Karen. Él bailó por el pasillo de la iglesia en una boda como padre del novio y portador de los anillos, tuvo incontables maratones de películas del oeste y se deleitó en la compañía de sus seres amados.

Le sobreviven Karen, Jordan y los Webbs (Kevin, Gretchen, Tucker, Spencer), así como la esposa de Jordan, Elizabeth. La hermana de Gene, Corinne, falleció antes que él en enero de este año.

Él tenía 83 años y falleció tomado de nuestras manos con la misma ternura y amor que exhibió desde que puedo recordar. Mientras nuestras manos lo sujetaban y él tomó un último aliento, el altavoz, que reproducía música al azar, empezó a tocar una de sus favoritas: Ella Fitzgerald. Hay una fotografía de él y Ella en el London Bistro hace algunos años que está entre nuestras posesiones más preciadas. Ella canta “Somewhere Over the Rainbow” mientras él era llevado lejos.

“We are the music makers, and we are the dreamers of dreams.”

Sinceramente,

“El hijo de Gene”

Jordan Walker-Pearlman

Fuente: Slate